martes, 29 de enero de 2019

Tengo 64 años, pasivo desde siempre

Soy hombre, tengo 64 años, y en esta página quiero contar mi historia. Es un poco fuerte, está en mi subconsciente y la recuerdo cada cierto tiempo.
Ese año iniciaba mi etapa escolar y mi mamá empezaba a trabajar, entonces hablo con su mejor amiga y le encargó que me recibiera al llegar del colegio. Mi tía, así le decía yo, vivía con su papá, un señor de 55 años. Ese día llegué, me dió almuerzo y me acostó en su cama, porque ella iba a su trabajo. Dormí un rato y cuando desperté  estaba este señor acostado a mi lado, me dijo que me quería acompañar, esto lo hizo como tres días, después se acostó debajo de las sábanas y sin ropa, me abrazó y acarició entero, me tocó mis nalgas y ahí yo sentí su pico, duro, en mi hoyito, no hubo penetración, estuvo moviendose harto rato, me preguntó si me gustaba, le dije que si, y siguio, de verdad me gustó sentir eso. Fueron varios días así, hasta que me dijo que iba a hacer algo que me gustara mucho más. Me puso harta crema en el culo, y me puso su pico, empezó a moverse y en eso siento un dolor terrible, había entrado todo su pico, casi lloro de dolor, pero me abrazó fuerte, y se quedó quieto un buen rato, luego comenzó a moverse, me dolía, pero al mismo tiempo me gustaba, mientras me culeaba, me acariciaba todo, no se, pero me gustó mucho. Ese fue el comienzo, y duró toda mi etapa escolar, me culeaba todos los días, y a mi me gustaba cada día mas. Me enseñó a chuparselo, a veces acababa en mi boca, y yo me lo tragaba todo. Nunca comente esto, mi mamá nunca supo. Lo que le extrañó a mi mamá, fue mi comportamiento posterior, que me gustaría contarlo en otra ocasion, me volví retraído, no hablaba mucho, solo me gustaba estar con el. Este señor me enseñó muchas otras cosas, cuando terminé el colegio, tuvimos más tiempo de estar juntos, y ya no me detuve, hice muchas cosas con el, conocí otro mundo, me entregue por completo al placer, siempre haciendo de pasivo y recibiendo muy buena recompensa, no material, sino carnal. Hoy tengo 64 años y aún recibo lo que quiero, sin prejuicios.